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Brasil: llegó la hora de las alianzas y la conquista de los votos del centro

El 12% de Ciro Gomes y el 20% del electorado que no fue a votar, en la mira.

 

La distancia de 17 puntos que el ultraderechista Jair Bolsonaro le lleva al izquierdista Fernando Haddad tiene que ampliarse para el primero o ser remontada para el segundo si quieren hacerse con la presidencia, cuando vayan al balotaje el 28 de octubre. Para eso, ambos buscarán desde este lunes formar alianzas y superar las fuertes resistencias que cada uno inspira en amplios sectores sociales en Brasil.

Una persona tiene parte de la llave del éxito. Es el centroizquierdista Ciro Gomes, un temperamental abogado y caudillo del nordeste, que podría tener, con sus 12,5% de votos, el empujón necesario acceder a la presidencial.

Ciro Gomes saluda a sus seguidores, en Fortaleza, Brasil. / EFE

El resultado del domingo lo dejó a Gomes lejos del segundo turno, el 28 de octubre, consecuencia en parte, según analistas, de las pocas alianzas que logró trabar para lograr recursos y tiempo de propaganda televisiva gratuita.

Pero ahora sus votos, que suman más que los del centroderechista Geraldo Alckmin, podrían cubrir una parte importante de la brecha de 17 puntos que separan a Bolsonaro (46,05%) de Haddad (29,25%). Y tener un impacto psicológico capaz de atraer otras adhesiones.

Gomes, que fue ministro de Integración Nacional de Lula, dijo que discutiría con los líderes del PDT la posición para la segunda vuelta, pero adelantó un más que probable apoyo: “Haré lo que hice toda mi vida, que es luchar por la democracia y contra el fascismo”, declaró.

En tanto, los dos finalistas tienen tres semanas para seducir votos.

En una insólita rutina, Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), tenía previsto visitar este lunes por la mañana, como todos los lunes, al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la cárcel de Curitiba (sur), donde el líder histórico de la izquierda purga una pena de 12 años de cárcel por corrupción.

Tras el anuncio de que finalmente disputaría la segunda vuelta, despejando el espectro de una victoria de Bolsonaro por nocaut, el candidato, que hizo toda la campaña bajo el eslogan “Haddad es Lula”, agradeció el “liderazgo” de su mentor.

Bolsonaro, ex capitán del Ejército, de 63 años, denunció “problemas” con las urnas electrónicas, que le habrían impedido evitar el balotaje.

Denunció también los recursos financieros así como el apoyo de “una parte de los medios” de que dispondría el PT, aunque prometió trabajar para “unir a los brasileños”.

La preocupación de Bolsonaro puede parecer innecesaria, dado que matemáticamente no debería serle difícil obtener los puntos que le faltan para alcanzar la mayoría absoluta, sobre todo después de haber conseguido el apoyo de los poderosos sectores del agronegocio y de las iglesias evangélicas.

Jair Bolsonaro (izq.) y su rival en el balotaje,  Fernando Haddad./ Reuters

El fantasma del empate técnico

Pero las encuestas del sábado los colocaban en virtual empate técnico en caso de balotaje, con tendencia a favor de Bolsonaro (45%-43% según el Ibope y 45%-41% según Datafolha).

Y es que el diputado Bolsonaro sigue siendo el político con mayor índice de rechazo (de 45% según Datafolha), ganado a lo largo de una carrera plagada de declaraciones misóginas, homófobas y racistas y su justificación de la tortura durante la dictadura militar (1964-1985).

Y aquí hay un dato clave: 30 millones de brasileros no fueron a votar el domingo. Esto es el 20% del electorado, una cifra suficiente para torcer cualquier final para uno u otro lado.

“Ahora lo que parece primordial para la campaña de Bolsonaro es evitar cualquier tipo de error, hacer algo que pueda perjudicarlo, sacarle votos. Tiene que tratar de mantener perfil bajo, no tener ninguna sorpresa negativa”, dijo Fernando Meireles, politólogo de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).

Bolsonaro se verá además imposibilitado de hacer campaña en las calles, dado que aún se recupera de la puñalada que le asestaron en un mitin el 6 de septiembre. Aunque eso no le impidió mantener la fidelidad de sus partidarios a través de un dominio incontestable de las redes sociales.

Para Haddad, el trabajo de las próximas tres semanas será duro y cuesta arriba; la distancia hasta la mayoría absoluta parece insalvable.

Su identificación total con Lula le permitió ganarse rápidamente a sectores carentes que identifican al ex mandatario (2003-2010) con una época de progreso.

Pero puede comprometer su acercamiento a grupos y partidos que ven al líder de la izquierda como sinónimo de corrupción y de políticas estatistas a las que acusan de haber sumido a Brasil en una recesión de dos años de la que empezó a emerger penosamente en 2017.

Por eso muchos cuestionan si fue buena la idea de visitar a Lula este lunes.

Haddad recordó además que como ministro de Educación de Lula trabajó junto a la ecologista Marina Silva y al centroderechista Henrique Meirelles, que presidió durante esa época el Banco Central. Ambos obtuvieron en torno a 1% de los votos, que a la hora de sumar pueden ser importantes.

Esos esbozos de acercamiento podrían ser tardíos, dado que durante la campaña de la primera vuelta, “Haddad se olvidó mucho del centro, que es fundamental”, apuntó André César, de la consultora Hold en Brasilia.

“Sin el centro no se gana una elección y menos aún se gobierna, entonces (Haddad) precisa esos apoyos ya. Son tres semanas, una campaña cortísima, y más aún tiene que pensar en la gobernabilidad, estableciendo compromisos con esos sectores”, agregó.

 

Fuente: Clarín.-

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