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A solas con Roger Waters: “Lloré, amé, cometí muchos errores y tuve la cantidad justa de alegría”

Durante dos horas en diálogo con Infobae dejó estallar toda sus emociones. La pérdida irreparable de su padre, su infancia en Cambridge, la relación con su madre, las mujeres de su vida, la feroz pelea con Pink Floyd, el amor por su nueva pareja y la empatía con el dolor de las madres de Malvinas que lo llevó a involucrarse en la causa por la identificación de los soldados argentinos.

Roger Waters, con una copa de vino blanco en su mano, dice que ha llorado mucho en su vida. Y los ojos de un verde pálido, inexorable, infinito, se humedecen. Habla con todo su cuerpo. Como un equilibrista, un mimo, un actor que no necesita interpretar nada porque las emociones estallan detrás de cada recuerdo, definición, pensamiento.

“No me estoy quejando de la suerte que tuve. Estoy agradecido por el contexto en el que nací. Tuve una vida muy interesante. Y cometí muchos, muchos errores, pero también tomé bastantes decisiones correctas. Se me asignó una cantidad más que justa de alegría, sin importar las circunstancias. Y me fue dada la posibilidad de sentir empatía por otro ser humano, y ese es el regalo más precioso que una persona puede recibir en su vida”, inclina su cuerpo hacia adelante como haciendo una confesión.

La leyenda del rock, el ex líder de Pink Floyd, el genio creativo que llegó a la Argentina con Them+Us Tour, durante dos horas hablará de la pérdida irreparable de su padre, su infancia en Cambridge, la relación con su madre, lo difícil que le fue entender a las mujeres, la rivalidad brutal con su antigua banda, el amor por su nueva pareja y la compasión por las madres de Malvinas que lo llevó a involucrarse en la causa por la identificación de los soldados argentinos.

“Hay padres, hermanos, hijos, que cada día salen a luchar y pierden la vida en una guerra. La política busca mantener esa noción del ‘nosotros’ y ‘ellos’ y crea un muro invisible en el medio que nos separa. Si queremos ser realmente felices tenemos que estar juntos y no divididos”, dice.

Siente curiosidad por la Argentina: “Volvieron a tener una inflación muy alta”. Quiere saber si Macri es amigo de Trump: “No lo conozco mucho, pero no confío en los políticos profesionales”. Pide respuestas: pobreza, crisis, corrupción.

Viste su clásica remera negra ceñida al cuerpo, un pantalón también negro y zapatos cómodos de gamuza y suela de goma. Acaba de cumplir 75 años, lleva vendidos más de 250 millones de discos, y solo con The Dark side of the moon ha ganado más dinero del que puede gastar en toda su vida. Si no fuera por el enorme guardaespaldas que lo acompañó hasta la librería del hotel Four Seasons -donde conversa con Infobae– nada haría suponer que es la gran estrella de rock que creó The Wall, obra que se convirtió en el himno de varias generaciones. “Cuando escribí The Wall creí que era sobre mí y sobre mi padre, después me di cuenta que era una historia mucho más grande”.

“¿Vas a tomar tu vino?”, pregunta. Y pide que le sirva un poco más en su copa. “Casi nunca almuerzo, así mantengo el peso”, desliza con un guiño. No parece importarle el paso del tiempo: “Es lo que tiene que ocurrir si queremos estar vivos”, sonríe. Y jura que no mira hacia atrás: “No estoy seguro de que sirva de mucho. Creo que lo importante es no amargarse y tratar de generar alegría en la vida. Ya sea a través de una relación amorosa o de estar disponible para ayudar a las personas que están pasando por circunstancia difícil. Si las podés ayudar de alguna manera, por más pequeña que sea, eso te va a dar felicidad”.

Solo después, cuando la cámara se apague, se acomodará en el sillón para entregarse a una charla que le provocará lágrimas, risa, furia, amor y compasión. Las emociones sacudirán su metro noventa como su música sacude a millones de fans en todo el mundo desde hace 50 años.

La presencia de un padre que nunca conoció

Tenía solo cinco meses cuando su padre murió en un campo de batalla en Anzio, Italia, durante la Segunda Guerra Mundial, el 18 de febrero de 1944. Eric Waters había sido un pacifista comprometido, miembro del partido Comunista británico, un objetor de conciencia hasta que decidió alistarse para luchar contra Hitler. Su esposa Mary, también militante, se quedó sola criando a sus pequeños hijos George Roger y John. El cuerpo de su padre nunca fue encontrado. Una placa lo recuerda en el Cassino Memorial.

Otro ladrillo en la pared

Describe a su madre como una mujer fuerte, dura e increíble. “Fue madre y padre”, dice. Mary nació en una familia cristiana conservadora y tradicional que la envió pupila a un colegio. Se formó como profesora en un barrio muy pobre “donde la mitad de los niños iban descalzos a la escuela en uno de los inviernos más crudos durante los años de la Depresión, y eso la cambió para siempre. Empezó a interesarse por la política y comenzó a ir a reuniones del partido comunista. Era una revolucionaria y una rebelde“, cuenta con orgullo el músico.

De pronto sacude la cabeza, toma un sorbo de vino: “Cuando mi papá murió yo era un bebé que estaba mamando. Y ahí estaba mi madre llorando la pérdida de su hombre mientras yo mamaba su leche y su dolor cada día”.

Roger Waters dará dos conciertos en el Estadio Único de La Plata, el 6 y 10 de noviembre

Sonríe sin  embargo cuando cuenta que su madre solo quería que él estudiara para que llegara a ser alguien en la vida. “Ella era una profesora diferente. En la década del 40 ya se daba cuenta que no se podía enseñar a los chicos con un sistema en que se les dictaba lo que tenían que aprender, cuándo tenían que cumplir las órdenes y cuándo mantener la boca cerrada”, dice.

“Yo odiaba la escuela -sigue Waters-. Cuando ya era un adolescente, ir a la escuela era sólo una confrontación de ‘nosotros y ellos’. La mentalidad del instituto estaba mucho más atrasada de lo que estaban las mentes de los estudiantes“.

Y es imposible no pensar en Another brick in the wall (Otro ladrillo en la pared):

We don’t need no education
We dont need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it’s just another brick in the wall.

Le digo lo que estoy pensando: otra vez su vida y su música son lo mismo.

-Y es así. Muchas veces uso la analogía de que un músico es como un pintor. Mirá el Guernica, ¿qué ves allí? Al contemplarlo te das cuenta de que Picasso solo tenía en su cabeza atrocidades de la Guerra Civil española. Yo pinto lo que veo, no tengo otra elección.

Las madres y los soldados de Malvinas

“No es lo que yo hice por las madres de Malvinas, es lo que ellas hicieron por mí. Me cambiaron la vida”, se emociona. Y sus lágrimas tienen una historia que ya lleva casi 7 años.

En diciembre de 2011 Roger Waters recibió un mail a su correo privado. Se lo envié yo. Él aun no me conocía, pero respondió. El asunto decía: “Carta desde Argentina”. Y allí, en 6 líneas, le explicaba que desde 2008 estaba acompañando al veterano Julio Aro que impulsaba junto a las madres de Malvinas una causa humanitaria: identificar a los 122 argentinos enterrados en Darwin como Soldado argentino solo conocido por Dios. Las puertas oficiales estaban cerradas y necesitábamos su ayuda.

El músico se comprometió: habló con embajadores, se comunicó con la Cruz Roja Internacional, le escribió al Foreing Office británico, envió una carta a las autoridades de las islas y le pidió a la entonces presidenta Cristina Kirchner por los soldados argentinos. Hoy, gracias al Plan Proyecto Humanitario 102 caídos fueron identificados. El 26 de marzo, cuando los familiares viajaron a las islas para visitar por primera vez las tumbas de sus hijos, que habían recuperados sus nombres, el músico británico -que estaba por comenzar su gira- envió para las madres un conmovedor video a través de esta periodista de Infobae.

¿Cuánto de la empatía que sentís por los soldados de Malvinas tiene que ver con tu propia historia?

-La pérdida de mi padre obviamente tiene que ver. Tal vez el haber visto también como mi madre lloró a su esposo. Y el sufrimiento que le causó que su cuerpo nunca haya sido encontrado. También vi sufrir a mi abuela, porque mi abuelo murió en la Primera Guerra Mundial en Francia. Ese dolor se incrementaba en las madres de Malvinas porque no tenían una tumba donde dejar una flor o una lágrima. También fuiste vos y tu conmovedor mail… Y porque en mi casa me habían enseñado que siempre podemos hacer lo correcto.

-Los familiares de los soldados de Malvinas me dicen que las esquirlas de las bombas que mataron a sus hijos también los lastimaron y quedaron incrustadas en sus vidas para siempre. ¿Sentís lo mismo?

-Seguro que sí, sin dudas. Es como cualquier tragedia. Hace años, cuando daba entrevistas, me preguntaban a veces que ambiciones tenía, considerando que había logrado tanto. E instintivamente dije una vez, y lo he repetido desde entonces-, que quiero morir antes que mis hijos. Es algo relativamente fácil de decir, pero es cierto. No me puedo imaginar qué se siente que tu hijo muera en una guerra organizada sin razón alguna.

-Había una dictadura en Argentina…

-Y una dictadura en Inglaterra

-La dictadura no quería dejar el poder y sus miembros pensaron que si recuperaban las Malvinas… ya conocemos la historia. Pero el tema es como una guerra que tuvo lugar hace 36 años todavía está presente por el dolor que genera. Tu dolor, el dolor de las madres y de las familias.

-Es cierto. Yo escribí mucho sobre eso. De hecho, el álbum en el que escribí sobre Malvinas fue The Final Cut. La canción se llama Requiem for a Post War Dream y está dedicada a mi padre. Me emociono un poco cuando hablo de esto porque es un logro gigante de los antropólogos, de Morris Tidball (CICR), del coronel británico Geoffrey Cardozo que sepultó a los caídos en 1983, de Julio Aro, tuyo, de todos… Y a pesar de que no compense por la pérdida de vidas, es un gran triunfo para el espíritu humano y la capacidad que tenemos de empatizar con el otro, de entender qué se siente si un ser amado te es arrancado de los brazos, y de hacer duelo y llorar por los hijos de otras personas. Me siento honrado de poder haber jugado un pequeño papel en esto.

-Tenés una empatía enorme con el sufrimiento de las personas…

-Y tengo una cercanía particular a la guerra porque estoy demasiado en contra de ella. Es tan fútil… Siento tanta compasión por las familias  argentinas como por las británicas. Alguien me dijo una vez que yo creía que las Malvinas eran argentinas. Yo no tengo opinión sobre eso. Lo único que importa es que no se derrame una gota más de sangre por una pelea de aspiraciones coloniales llevada a cabo por monarcas europeos que murieron hace siglos.

-Vas a conocer por primera vez a las madres de Malvinas que invitaste a tus dos recitales ¿Qué les querés decir?

-No tenemos que hablarnos porque inevitablemente vamos a derramar lágrimas juntos. Yo voy a tomar sus manos y nos vamos a mirar a los ojos, y sabremos que el hecho de que ellas estén un poco más cerca de sus hijos de alguna manera nos alienta a acercarnos un poco más nosotros.

-Ya estás con los ojos húmedos y aún no las abrazaste…

-Las vas a tener que mantener alejadas en La Plata porque tengo que trabajar y sino me voy a poner a llorar descontroladamente (sonríe con ternura). ¿Sabés algo? Estoy ansioso por conocerlas. Ellas me van a ayudar a hacer mi trabajo, eso es lo que me da energía. Es la razón por la cual hago lo que hago.

Fuente: Infobae.-

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