viernes , julio 12 2019

El sarampión en el país de la libertad


OPINIÓN. Mientras un brote de sarampión mantiene a Estados Unidos en vilo, se reaviva la polémica entre los que están a favor y en contra de las vacunas; las autoridades no tienen las herramientas para contener la situación y cada Estado genera su particular respuesta a la epidemia. A fin de cuentas, en un país donde todos son libres de decidir si vacunarse o no, algunos mueren a causa de la libertad ajena.

Según la propia Organización Mundial de la Salud, “el Plan de Acción Mundial sobre Vacunas (…) ha sido aprobado en mayo de 2012 por la Asamblea Mundial de la Salud para alcanzar los objetivos de la visión del Decenio de las Vacunas de hacer accesible la inmunización universal” y “los documentos de posición de la OMS siguen las recomendaciones del Grupo de Expertos de la OMS (…) en materia de inmunización, y antes de que se publiquen son sometidos a un proceso oficial de examen interno y externo”. Sin embargo, y aunque Estados Unidos es un país miembro, no ha podido mantener a raya enfermedades (como el sarampión) a causa de su “libertad” de opción a la hora de vacunarse.

A pesar de que en 2000 el país del norte confirmó la erradicación de la enfermedad, en lo que va de 2019 han ocurrido 314 casos de sarampión, según publica New York Times en su edición del 27 de marzo. Esto es así porque ley nacional de vacunación permite solicitar la “exención” -por causas religiosas o personales-, lo que se ha convertido en una práctica recurrente y gran parte de la población no se inmuniza contra ninguna enfermedad contagiosa.

Tal es así que, según los resultados de una investigación publicada el 11 de octubre de 2018 por Telemundo, “un 1,3% de los niños (…) nacidos en 2015 no había recibido ninguna de las vacunas recomendadas”, cuadruplicando el índice de 2014. A esta tendencia, se suman los niños nacidos en los años anteriores que tampoco han recibido vacunas y crecen, es decir que no solo los bebés sino niños, adolescentes y adultos de todo el país conviven en diferentes ámbitos con personas que no se inmunizaron.

Movimiento antivacunas

En Estados Unidos tiene fuerte presencia un movimiento social que rechaza la vacunación porque sostienen no solo que el simple contacto con el germen no provoca la enfermedad, sino que, además, es beneficioso para la salud. ¿Cómo? Sencillo: proponen una inmunización natural por contacto con los gérmenes vivos y -además- aseguran que hay un plan global para exterminar a la población a través de ciertos componentes de las vacunas, como mercurio.

Este movimiento es tácitamente avalado por la legislación (que de ninguna manera coacciona a las personas a someterse a la práctica médica) y representado por reconocidas figuras, como Robert De Niro, quien hasta ofrece 100 mil dólares a quien logre convencerlo de que las vacunas son seguras. Otro famoso involucrado en la polémica es Jim Carrey, quien acusó en Twitter de “fascista” al gobernador de California, por intentar obligar a los padres a inocularles mercurio a sus hijos, aunque después aseguró que no es antivacunas, sino antimercurio.

Sin embargo, algo está empezando a cambiar. Por ejemplo, el año pasado, al cumplir 18 años, Ethan Lindenberger, educado en el seno de una familia antivacunas, realizó su propia investigación en Internet y al enterarse que en algunos países del mundo donde la inoculación es obligatoria (en Argentina se reportaron tres casos de sarampión en 2017 contra los 120 que sufrió Estados Unidos) se habían erradicado enfermedades recurrentes en su estado, Ohio, decidió vacunarse y llevar su caso al Congreso, para que toda la comunidad antivacunas cambie de opinión.

Reacción de las autoridades

Aunque el director del Instituto Nacional de Enfermedades Infeccionas (EEUU) segura que “para obtener una inmunidad colectiva (…) la tasa de vacunación debe estar entre el 92 y el 95%”, condados como Clark presentan una tasa de vacunación del 84%. El representante republicano de Kentucky, Brett Guthrie, insiste en que los brotes “son trágicos, ya que son totalmente prevenibles”. Pero, ante la imposibilidad de ir contra su esencia liberal, el Estado central mira a un costado y cada Estado intenta ponerle el cascabel al gato según su idiosincrasia local.

Nueva York, por ejemplo, ha anunciado estos días que, si bien no puede obligar a la gente a inocularse, impedirá el acceso de los menores de 18 años a lugares masivos como espacios verdes, edificios públicos y centros comerciales. En tanto, la BBC difundió un video en que se ve a policías de Arizona tirando abajo una puerta a patadas para sacar a punta de pistola a un niño cuyos padres se negaban a que recibiera asistencia médica por un importante cuadro febril (tampoco estaba vacunado y ya habían recibido apercibimientos por esta cuestión).

Mientras el brote de sarampión se descontrola y es el peor en 19 años, pequeños parches administrativos o policiales intentan remendar la falacia de la libertad absoluta y le muestran al mundo que, aunque no lo quiera ver, la libertad de uno termina donde comienza la de los demás.

Fuente: Editorial.-

Chequea también

EE.UU. prohibió los cigarrillos electrónicos

San Francisco es la primera gran ciudad de Estados Unidos en impedir la venta de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *