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EEUU denunció que Rusia busca extender la guerra a Moldavia

Rusia volvió a bombardear la ciudad de Odesa, en el sur de Ucrania, aunque buena parte de la ofensiva se mantiene concentrada en el este, incluyendo la gigantesca planta de acero Avoztal, en la portuaria Mariupol, donde todavía quedan “más de mil” militares locales, muchos de ellos heridos, mientras Estados Unidos denunció que Moscú plantea un conflicto de largo alcance extendido a Moldavia.

El Gobierno ucraniano afirmó este martes que en Avoztal no quedan más civiles, al salir al cruce de informaciones dadas a conocer por funcionarios locales, y que los rusos mantienen sus ataques a la acería, y al mismo tiempo “continúan preparando operaciones ofensivas en las regiones de Liman y Severodonetsk” en el Donbass, la región de mayoría separatista en el este.

Cientos de civiles escondidos durante semanas con los combatientes fueron evacuados en los últimos días de la enorme planta de fabricación de acero de Mariupol en un operativo comandado por Naciones Unidas y ya no queda en su interior ninguno de ellos, afirmó a la agencia de noticias AFP la viceprimera ministra ucraniana, Irina Vereshchuk.

Pero más de mil militares ucranianos, entre ellos “centenares de heridos“, permanecen en la acería, afirmó la funcionaria.

El Ministerio de Defensa ruso anunció además la toma de Popasna, en el norte del Donbass, con lo que las fuerzas rusas y prorrusas pudieron llegar a la frontera administrativa entre Lugansk y Donetsk, dos zonas separatistas que el Kremlin reconoció como repúblicas antes de iniciar la invasión el 24 de febrero.

Por otra parte, autoridades ucranianas hallaron 44 cadáveres entre los escombros de un edificio destruido en la localidad de Izium, en la región de Jarkov (noreste), escenario en estos últimos días de una contraofensiva de las fuerzas locales para tratar de ganar terreno frente a las tropas invasoras.

Un funcionario local, Oleg Sinegubov, explicó en su cuenta de Telegram que el edificio, de cinco pisos, había sido alcanzado por un ataque a principios de marzo. Todas las víctimas serían civiles, según recogió la agencia de noticias Europa Press.

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Foto: AFP

Además, las Fuerzas Armadas rusas derribaron este lunes por la noche también en la región de Jarkov un avión ucraniano Su-25, según declaró el portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, el general de división Igor Konashenkov.

Konashenkov destacó que la aviación rusa atacó además durante la noche de este lunes16 zonas de concentración de efectivos y de equipamiento técnico de las tropas de Ucrania, según la agencia de noticias Sputnik.

El portavoz agregó que las tropas de misiles y de artillería de Rusia “eliminaron en los distritos Nikolayev y Mirni de la región de Nikolayev 33 puntos de dirección, 407 zonas de concentración de soldados y de equipamiento militar, así como cinco almacenes de municiones y de combustible”.

Este lunes se registraron también hasta siete bombardeos en la región meridional de Odesa, que provocaron al menos un muerto y cinco heridos, en un ataque que coincidió con la visita a esa ciudad del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que debió ponerse a resguardo, destacó la agencia de noticias AFP.

Los ucranianos también pueden contar con la vasta ayuda militar estadounidense, que se eleva ya a 3.800 millones de dólares desde el inicio del conflicto.

El presidente estadounidense Joe Biden activó este lunes un mecanismo de una ley de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a los aliados a derrotar a la Alemania nazi a fin de acelerar el envío de armamento a Ucrania.

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Pero los bombardeos a Odesa, más allá de la importancia de la ciudad como tal, también significa mayor cercanía a Moldavia, a donde, según EEUU, Rusia planea llevar el enfrentamiento.

De acuerdo a los servicios de inteligencia estadounidenses, el presidente Vladimir Putin prevé extender la guerra más allá del Donbass, estableciendo “un puente terrestre” hacia Transnitria, la región separatista de Moldavia que es apoyada por Moscú.

Putin se está preparando para un conflicto largo en Ucrania, durante el cual todavía tiene la intención de lograr objetivos más allá de Donbass”, declaró la directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, ante el Congreso.

Kiev buscó, en tanto, alentar las vías diplomáticas en busca de una salida: mientras el presidente Volodimir Zelenski afirmó que decenas de países están al borde de la escasez de alimentos debido a la suspensión de las exportaciones agrícolas de su país, el canciller Dmytro Kuleba recalcó que la adhesión de Kiev a la Unión Europea “es un asunto de guerra y paz en Europa”.

En conferencia de prensa junto a su par de Alemania, Annalena Baerbock, Kuleba celebró el “cambio de postura” de Berlín sobre su oposición inicial al embargo sobre las importaciones de petróleo ruso y la entrega de material militar a Kiev.

Baerbock y la responsable de Exteriores de Países Bajos, Wopke Hoekstr, estuvieron este martes en dos suburbios de Kiev, que según las autoridades ucranianas fueron teatro de atrocidades cometidas por las tropas rusas.

Baerbock se reunió también con residentes de Bucha, donde aparecieron decenas de cadáveres de civiles cuando los rusos se retiraron de la región, a fines de marzo. Los responsables “rendirán cuentas”, prometió la alemana.

La concentración de ataques y combates en zonas más alejadas de Kiev hizo que “casi dos tercios” de los 3,5 millones de habitantes de la ciudad regresaran a la capital, que quedó prácticamente desierta al inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero, reveló el alcalde local, Vitali Klitschko.

“Antes de la guerra había en Kiev 3,5 millones de habitantes; cerca de dos tercios volvieron”, dijo Klitschko, que aclaró que aunque haya toque de queda y controles en las rutas “pueden efectivamente volver si estas circunstancias no los asustan”.

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Mientras, la Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania expresó su “preocupación” por las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional que documentó en el país, cometidos tanto por tropas rusas como ucranianas.

En una rueda de prensa, la Jefa de la misión, Matilda Bogner, relató que junto a sus colegas visitó la semana pasada 14 ciudades en las regiones de Kiev y Chernihiv, que estuvieron ocupadas por las Fuerzas Armadas rusas hasta finales de marzo.

“Hasta la fecha hemos corroborado 7.061 bajas civiles, con 3.381 muertos y 3.680 heridos en todo el país desde el inicio del ataque armado de la Federación Rusa. Las cifras reales son más altas y estamos trabajando para corroborar cada incidente”, agregó, según un comunicado.

A esa cifra de bajas se suma la de más de 8 millones de personas que debieron dejar sus casas y encontrar refugio en otro lugar, dada a conocer por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La cifra representa un aumento del 24% en relación a un informe similar publicado en marzo por el organismo de la ONU.

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