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EL MONUMENTO A LA BANDERA VIBRÓ AL RITMO DEL ACORDEÓN DEL CHANGO SPASIUK

Con la presencia del ministro de Cultura, Jorge Llonch, en la tarde y la noche del sábado 30 de abril, el Monumento Nacional a la Bandera de Rosario volvió a albergar una propuesta del ciclo «Malvinas nos Une» que lleva adelante la cartera cultural de la provincia de Santa Fe.

En el atrio del sitio que rinde homenaje al primer izamiento de la bandera, se pudo disfrutar de un múltiple espectáculo que comenzó con la Orquesta de Tango del Guastavino, continuó con la producción multimedia “Operación Rosario” y finalizó con el acordeonista Chango Spasiuk.

LA ORQUESTA DEL GUASTAVINO Y “OPERACIÓN ROSARIO”

Pocos minutos después de las 18, la Orquesta de Tango del Guastavino deleitó a todos con la típica música de raíces porteñas.

La orquesta, proyecto pedagógico integrado por casi 20 jóvenes, perteneciente al Instituto Superior del Profesorado de Música N° 5932 “Carlos Guastavino” de Rosario, tiene como objetivo estudiar en profundidad la música ciudadana a través de los estilos más representativos de la época dorada del género, interpretando temas de Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Juan D”Arienzo, Alfredo Gobbi, Osvaldo Pugliese y Carlos Di Sarli, entre otros.

Con el sol terminando de despedirse, el concierto comenzó con Yira Yira, de Enrique Santos Discépolo y siguió con La última curda, de Aníbal Troilo. A esa altura, muchos de los presentes recordaban viejas tertulias o encuentros en clubes.

Con Silencio, de Carlos Gardel, fueron varios los que se animaron a cantar junto a las dos voces femeninas de la orquesta. Luego fue el turno de Antiguo reloj de cobre, de Miguel Montero; y Sur, de Aníbal Troilo, en lo que fue un viaje al pasado glorioso del tango, con orquestas, bailes y comilonas incluso en la televisión.

“Me hace acordar al programa que tenía Soldán”, dijo una señora sentada en la cuarta fila, con guantes, gorro y una campera abrigada. Hacía mención a Grandes Valores del Tango, que se pudo ver por el viejo canal 9, el de “la palomita”, durante dos décadas, en el milenio pasado.

La orquesta terminó su petit concierto con un tango instrumental de un autor rosario: Sin compromiso, de José Sala.

Pero no se fueron. Mientras algunos pedían “otra”, comenzó la puesta en escena de la producción multimedia “Operación Rosario”, que ya tuvo una primera presentación el pasado domingo 17 de abril.

La producción multimedia dirigida por Miguel Ángel Palma quien junto a Agustina Felizia están a cargo de la dramaturgia, mezcla escenas cinematográficas en pantalla gigante, con actuaciones y coreografías en vivo, y en esta oportunidad se sumaron pinceladas de tangos proporcionadas por la orquesta.

Entre sonidos de bandoneón, violonchelo, violines y órgano, se pudieron ver imágenes en la pantalla gigante montada al pie del atrio y a escuchar la voz de Leo, una joven hija de un veterano de la guerra de Malvinas que formó parte (en forma imaginaria) de la «Operación Rosario», nombre que tuvo el desembarco del 2 de abril de 1982 en las islas del atlántico sur.

Leo encabezó un místico viaje en el recuerdo con el objetivo de rescatar del olvido no solamente a su padre, que hace 40 años puso su cuerpo para defender a la patria sino también a algunas de las personalidades más emblemáticas de la historia argentina, que si bien se los considera héroes de la patria, todavía a cada paso hay que recordar que dejaron todo por una nación que estaba naciendo.

Además del tango, la obra tuvo otros pasajes musicales con extractos de algunos de los temas de Tiempos Difíciles, disco que marcó el puntapié inicial de la trova rosarina.

Volvieron a escucharse partes de los temas “Era en abril”, “Reinas de pueblo grande”, “Mirta, de regreso”, “Puñal tras puñal”, “La música del Río de la Plata” y “Sin luna”, junto a algunos tangos en versión instrumental.

«La historia aún no termina, se escribe de a pedazos». »Por momentos sentían que debían disculparse por haber ido a la guerra». «Hay que rescatarlos, tienen que volver aun los que no han podido», dijo Leo recordando a los ex combatientes que lucharon hace 40 años y que siguen luchando para no ser parte del olvido.

La presentación multimedia cerró con una exquisita versión de Yo vengo a ofrecer mi corazón, interpretada por Camila Gallardo.

El espectáculo contó con la participación de estudiantes de las escuelas provinciales de danzas Isabel Taboga; de teatro Ambrosio Morante, y de teatro y títeres de Rosario, junto al elenco de danzas folclóricas del Instituto Superior de Danzas Isabel Taboga.

La dirección general de la propuesta multimedia es de Miguel Ángel Palma. La dramaturgia es del propio director y de Agustina Felizia, quien también encarna a uno de los personajes de la obra. El trabajo cuenta también con la canción «Pampa azul», con música de Carlos Zelko, y letra del propio director.

Las escenas que se vieron en la pantalla gigante montada en el patio cívico mostraron el trabajo de las escuelas de arte de la provincia de Santa Fe que funcionan en la ciudad de Rosario; y la grabación y edición fueron realizadas por el Instituto Audiovisual de Entre Ríos, Arca producciones y Cantar de ranas.

RITMO LITORALEÑO

Y a las 19:30, cuando ya se habían encendido todas las luces del escenario, apareció el Chango Spasiuk, uno de los mayores exponentes del chamamé, género musical que brilla en el litoral argentino y que fue declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Esa designación fue la excusa perfecta para que en el escenario montado a muy pocos metros del río Paraná, cientos de personas se acercaran a escuchar, cantar y bailar al ritmo del acordeón del Chango.

Con su particular estilo que fusiona ritmos tradicionales chamameceros, música clásica y también algo de jazz y sonidos electrónicos, Spasiuk ofreció un magnífico espectáculo.

Acompañado por Diego Arolfo en guitarra y voz; Marcos Villalba en percusión, guitarra y voz; Juan Pablo Farhat en violín; Eugenia Turovetzky en violoncelo; Javier Martínez en percusión; Enzo Demartini en acordeón verdulera y como invitado especial al violinista rosarino Simón Lagier, el Chango comenzó diciendo “tengo frío” y eso arrancó risas y aplausos y fue el puntapié inicial de un espectáculo memorable.

Con algunas parejas bailando a pocos metros del escenario y también al fondo del patio cívico y una alegría que contagia, Spasiuk disfrutó de los sonidos de su acordeón, y de una sólida banda que hizo estremecer a todo el público.

A veces en silencio, moviendo la cabeza o los pies al compás de los temas o bailando, con algún discreto sapucay que se colaba de vez en cuando, la noche se llenó de ritmos.

“Estamos felices de estar acá, estamos con frío pero entre todos nos estamos calentando. Estoy feliz de celebrar el poder vernos, tocarnos, abrazarnos y disfrutando de este lugar tan emblemático”, dijo en un momento Spasiuk.

El concierto tuvo polkas y chotis, algún rasguido doble y valseados, pero muy especialmente chamamés, porque como dijo el Chango, “el chamamé es un rezo que se baila y es un baile que se reza”.

Desde “Canto a Ñande Reta” del propio Spasiuk a “Acento Misionero”; o interpretando “Coplas de la Orilla”, que destaca la belleza de las tierras santafesinas; “Merceditas” de Los Visconti o “Adiós Beatriz”, de Alcides Maidana; o algunos de los himnos del chamamé como Kilómetro 11 o El Toro, todos fueron bailados, aplaudidos y festejados por público de todas las edades.

El cierre, con versiones de “Adiós Nonino”, del maestro Astor Piazzolla y “Yo vengo a ofrecer mi corazón” del rosarino Fito Paez, sonaron no a despedida sino a un hasta pronto, porque la música está siempre presente y más aún la del litoral argentino, que es diversa, se nutre de otros ritmos y se enriquece.

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